Asertividad y Sexualidad

Te invitan a salir, te proponen tener relaciones sexuales, estás cansada y no quieres tener sexo con tu pareja o ella de pronto decide hacer alguna innovación pero a ti no te gusta…
¿A veces haces cosas que no deseas porque no puedes decir que NO?
¿Eres capaz de hacer valer tus derechos? ¿Sientes temor al ridículo? ¿A la vergüenza o a la culpa? O falta, tal vez, poner en práctica una habilidad llamada “asertividad”
Pero, ¿qué significa?

La asertividad es un conjunto de conductas que te permiten actuar en base a tus intereses más importantes, defenderte de la ansiedad inapropiada, expresar cómodamente tus sentimientos honestos o ejercer tus derechos personales sin negar los derechos de los demás.

La asertividad es la posibilidad que tienes para defender tus derechos. Consiste en afirmarte en situaciones en las que aquellos han sido violentados por otros, ya sea a propósito o accidentalmente. Implica, además, el respeto a los demás, expresar los sentimientos y dar las propias opiniones sin ofender o hacerle daño a quienes están alrededor.

Si eres asertivo sabrás cuando decir NO, además rechazarás las peticiones que te hagan otras personas si es que no estás de acuerdo. Así mismo, puedes expresar con tranquilidad tus puntos de vista y aceptar que los demás no tienen que estar siempre de acuerdo con ellos. En ese sentido, quienes no saben defender sus derechos son susceptibles a: ser avasallados y amenazados, a no ser respetados por los demás, a adoptar conductas de pasividad y dependencia, a sentirse descontentos, valorarse poco y dejar que los demás se aprovechen de ti o te traten injustamente.

Para poder defender nuestros derechos, debemos conocerlos, identificarnos con ellos, tener claridad para saber cuándo alguno de ellos ha sido violentado y saber cuando defenderlos.

Es importante saber que tienes derecho a ser tratado correctamente sin importar el sexo, raza, religión, educación, profesión, nacionalidad, idioma o nivel socioeconómico, a tomar tus propias decisiones y sobre todo a vivir la vida como la consideres mejor.

Los derechos deben defenderse cada día; a pesar de que en ocasiones pueden ser obvios, es importante dejarlos en claro; hacerlos prevalecer es una habilidad que se debe poseer y a la cual no debemos renunciar.

Sin embargo, es importante que tengas en cuenta que no es posible hacer respetar los derechos propios, mientras no se respeten los de los demás. No podemos exigirle a una persona que respete nuestra intimidad y vida privada, si es que nosotros no lo estamos haciendolo con ella.

¿Por qué a veces nos cuesta tanto decir NO o expresar lo que sentimos? La posibilidad de decir lo que pensamos a los demás, sea afirmativo o no, es un derecho que tenemos como personas. Muchos de nosotros en más de una ocasión hemos preferido quedarnos callados frente a cualquier situación que no nos parece o con la cual no estamos de acuerdo, pero ¿por qué?
Si preguntamos es posible que escuchemos, “me da vergüenza”, “es que me da miedo cómo puedan responder” o “mejor no digo nada para no meterme en problemas”.

Las personas sexualmente asertivas están aprendiendo cada vez más a expresar sus preferencias y derechos de forma directa, abierta, y sin violar los derechos de los demás. Distinguir la conducta asertiva de la conducta agresiva (la conducta que ataca a los demás, para dominar y/o para humillar), de la conducta no asertiva o sumisa (que intenta negar los propios derechos, instituye la desesperanza, “mantiene la paz”), es muy importante.

Ser sexualmente asertivo significa experimentar y disfrutar de tu cuerpo y el de otros; significa elegir ser activo o pasivo, saber cómo comunicarte íntimamente con tu pareja; relacionarte a un nivel emocional o, si lo prefieres, en un fuerte nivel sexual/sensual temporal. Tambien puedes elegir no relacionarte o dejar una relación que no te aporta nada positivo.

Tu próximo paso en el camino de la asertividad sexual esta relacionado con tomar contacto con tu propia sexualidad. Muchas personas se bloquean al interesarse por cuestiones sexuales debido a que no conocen lo que realmente les gusta.

Leer, y aprender temas sobre la sexualidad femenina o masculina, aprender tus zonas erógenas y la anatomía de tu cuerpo son solamente algunas de las cosas que te ayudarán a conocerte mejor.

Hablar con otras personas. Sentarte con amigos y discutir tu primera experiencia sexual o cómo descubriste la masturbación. Descubrir que no eres la única que ha tenido sentimientos sexuales hacia personas de tu mismo sexo o que prefieres el cunilingus, el felatio a casi cualquier otra actividad sexual y sentir que no tienes el derecho a preguntar por ello. Ser consciente del hecho de que a veces puedes fingir cosas que no sientes. Descubrir que tus experiencias sexuales y ansiedades son compartidas por otros que pueden ayudar a librarte de algunos de tus viejos patrones de culpabilidad.

Re-encontrarte con tu cuerpo. Una persona no puede decir a su compañero/a que es lo que le gusta hasta que no sabe sobre sí misma/o y sus sentimientos y que merece conseguirlos. Busca la oportunidad de acariciar tu cuerpo desnudo, y ve descubriendo las sensaciones a través de tus manos, de tus dedos. Aprende la infinita variedad de sensaciones que puedes experimentar. Placenteramente empieza a explorar tu zona genital. Descubre que tus genitales son normales y funcionales – ¡no faltan partes, no tienes “malogrado o fallado” nada. Examinar tu cuerpo es una experiencia muy asertiva: estás tomando el control sobre ti mismo y de tu sexualidad. Ningun cuerpo viene “con manual de instrucciones”, depende de ti descubrir cuales son ellas y guiar a tu pareja a descubrirlas.

Pensar, antes de tener sexo …
– ¿Por qué hago lo que estoy haciendo? (¿para conseguir amor? ¿Orgasmo? ¿Amistad? ¿Paz y tranquilidad?)
– ¿Cuales son mis derechos sexuales? ¿En qué medida dejo que sean violados?
– ¿Para quien estoy teniendo un orgasmo? (¿Para mi? ¿Para mi pareja? ¿Para ambos? ¿Para mi amante? ¿Para mi compañero de cama?)
– ¿Es un orgasmo algo que ocurre con mi cuerpo, o yo hago algo para crearlo?
En lugar de preguntarte, “¿Qué quiere mi pareja y que puedo hacer para complacerle?”, pregúntate, “¿Qué quiero yo? ¿Qué es lo que más me gusta?, ¿Cómo guio a mi pareja para que me satisfaga?”. Recuerda tus experiencias sexuales y rescata de ellas lo que has aprendido sobre ti y que es lo que te proporciona mas placer. ¿Que te gustaría que fuera diferente?, ¿Que te gustaría probar?.

Date cuenta que la pasividad y la dependencia no pueden ser superadas por una sociedad que te genera sentimientos de culpa. Este sentimiento no te proporciona ningún beneficio, por el contrario es totalmente negativo. Empieza a asumir responsabilidades por ti mismo, siendo activo y participando asertivamente en tus experiencias sexuales.

Aprende a pedir las cosas en positivo: es más fácil decir lo que quieres o esperas del otro, en lugar de decir lo que no quieres. Si hay algo que quieres cambiar debes ser claro y explícito para que la otra persona sepa exactamente lo que quieres. En otras palabras comunícate con tu pareja. La comunicación es parte de la clave del éxito.

Negocia con la otra persona, habla, dile lo que piensas sin temor a lo que dirá o pensará y ten siempre en mente que lo que estás haciendo es lo justo para ti y también para el otro. Frente al ataque o a las respuestas inadecuadas es mejor no alterarte, responde tranquilamente, escucha y piensa antes de responder.

Vivimos en un mundo que va a mil por hora, en un mundo en el que todos creen tener la razón, en el que las agresiones verbales o físicas están a la orden del día. Esto no lo podemos justificar ni dejar pasar. Si cada uno de nosotros actúa asertivamente y vive asertivamente su sexualidad, estaremos haciendo la diferencia; estaremos aportando, de alguna manera, para que la vida cambie y el espacio que compartimos, con otros seres humanos, sea más placentero, satisfactorio y finalmente mejor.