Primer mito: Somos liberados y estamos muy cómodos con el sexo y la sexualidad

El placer sexual es nuestro derecho y no nos importa que sea lo que nos haya dicho la iglesia, la religión o nuestros padres. Vamos a hacer lo que queremos, con quien queremos y vamos a disfrutarlo. En otras palabras, nosotros sabemos cómo manejar cada situación sexual y la aceptamos libremente, esta visión es la que todos los hombres tienen.

Esta creencia es reforzada por los medios de comunicación, novelas, películas y material erótico de que todos los hombres están muy cómodos con el sexo. En este mundo irreal, por ejemplo, ninguna mujer está preocupada por su peso, las formas y la flacidez de sus senos, piernas, caderas, nalgas y su habilidad de lubricar y ser orgásmica. Ningún hombre tiene problemas sobre el tamaño y la dureza de su pene. Nadie pone en duda su habilidad de poder darle a su pareja orgasmos que le destapará la cabeza de placer. Todos están cómodos con cualquier experiencia: sexo vaginal, oral y anal; sexo con o sin drogas; sexo en lugares públicos, sexo con varias personas a la vez, y sexo sin protección. De hecho, la gente en este mundo irreal está tan cómoda que ni siquiera es importante si la gente se conoce o no. No tiene nada de raro el poder encontrar a una persona que acabas de conocer y tienes sexo como para poder escribir un libro y ganar el premio nobel de literatura.

 Sería importante también saber que estamos cómodos con nuestros cuerpos, nuestros órganos sexuales, y nuestra sexualidad en todo momento. Pero la realidad es muy diferente. No existe una persona que en el transcurso de su vida no tenga algún tipo de problema, ya sea pasajero o permanente y que está en todo momento cómodo con su sexualidad. Siempre existen ciertas cosas con nuestra sexualidad que nos ponen incómodos de una forma o de otra, con lo cual no es verdad que somos muy liberados y estamos muy cómodos con el sexo y la sexualidad.

Si somos una sociedad tan liberada sexualmente, cómo es posible que los padres, por ejemplo, nos escandalicemos cuando intentamos hablar del comportamiento de masturbación de nuestros hijos, o protegemos a nuestros hijos que vean películas que tengan algún grado de sexualidad, o lo que es lo peor, que no podemos comunicarnos con nuestros hijos para poder explicarles los temas naturales sobre sexualidad, y que ellos lo tienen que aprender fuera de la casa. Sin embargo, los niños y adolescentes han visto mas bombardeos, matanzas, asesinatos, acuchilladas en la televisión que cualquier soldado en pleno combate, ponemos una pared a nuestros hijos en el tema de placer sexual. ¿Cuál es el mensaje que les damos a nuestros hijos? Los muchachos no son estúpidos, ellos piensan que hay algo que no está bien con el sexo, pero ellos crecen sintiendo que el sexo les da placer y los hace sentir bien. Les creamos un conflicto que muchos muchachos cuando crecen lo llevaran por el resto de su vida. Sin embargo los hombres consideramos que somos muy liberados y estamos muy cómodos con el sexo y la sexualidad.

Si somos tan liberados y estamos muy cómodos con cualquier situación sexual, ¿por qué es que no existe una educación sexual decente y verdadera? ¿Como es posible que no podamos hablar de sexo y nuestros deseos o fantasías abiertamente con nuestra pareja? ¿Por qué tenemos un sentimiento de culpa si nos masturbamos, y nuestra pareja nos encuentra? Pues la verdad es que el sexo y la sexualidad esta relegado al silencio y a la oscuridad. Los viejos tabúes todavía se mantienen presente: el sexo es un tema privado del cual no se habla, ni con amigos, parejas o amantes. ¿Es así que manifestamos que estamos cómodos ante cualquier situación sexual?

Pensar que somos tan abiertos y expertos sobre el sexo y la sexualidad en todo momento es algo arrogante y poco honesto con nosotros, contradice de cómo llevamos nuestra sexualidad en la realidad. Esto crea una serie de conflictos y resistencia que no nos permite aceptar nuestra falta de conocimiento e incomodidad sobre el sexo en muchos momentos. Finalmente esta actitud hace muy difícil el poder abrirnos para aceptar un cambio en nuestro comportamiento sexual y aceptar que realmente no somos totalmente liberados con el sexo y nuestra sexualidad. Muchas personas se educan y lentamente pueden alcanzar esta comodidad sexual, pero para llegar a ese nivel de confianza se necesita tiempo y aprendizaje sobre los temas sexuales desde un punto de vista totalmente diferente al que lo hemos absorbido a través de los medios de comunicación, sobre todo con una mente abierta, con una actitud positiva y diferente que realmente nos haga sentir íntegros de cómo sentimos y llevamos nuestra sexualidad.